Posiblemente la clave para vender que más me sonroja

El Rafa adolescente del pasado estuvo durante un tiempo yendo a clases de refuerzo en una academia.

Y estaba un día en clase de «inglés comercial».

(En realidad iba para reforzar mates o física, no recuerdo; pero el inglés era un extra que estaba incluido, como los Bonus que valen más que supuestas formaciones completas online).

Le llamaban «inglés comercial» porque solo te enseñaban el suficiente para apañarte durante una conversación comercial.

El caso es que uno de mis muchos problemas por aquel entonces era ser muy introvertido.

Lo sigo siendo, pero hoy día me entiendo a mi mismo y más que un problema lo considero una gran ventaja.

Sin embargo, por aquel entonces no tenía ni idea de lo que era ser introvertido y todo mi entorno familiar y los que me conocían decían simplemente «es que es mu’ tímido».

Y esa «timidez» me iba a pasar factura aquella tarde…

Estando yo sentado en el centro del aula, a la profesora le da por soltar una de esas preguntas repentinas aleatorias-pero-dirigidas-como-un-misil a una persona de la sala, a traición, sin avisar, y con algo nada fácil de responder,

La pregunta era…

Si tuvieses que vender algo… ¿¿¿¿serías capaz de hacerlo, Rafa???

¡CLOC!

De repente todas las luces de la habitación se apagaron, excepto un intenso haz de luz blanca que caía sobre mi.

Se hizo un silencio sepulcral.

La profesora esperaba ansiosa una respuesta mientras me miraba fijamente a los ojos.

Los 28 alumnos al completo que me rodeaban observaban mi rechoncho cuerpo desde todos los ángulos posibles, conteniendo la risa por cada segundo que yo pasaba sin responder.

Un intenso calor empezó a recorrer todo mi sistema nervioso desde el punto de acupuntura del pie que te quita la migraña hasta los lóbulos de las orejas.

Mi cara estaba tan roja como si me hubiera tragado 17 jalapeños mojados en Tabasco.

Y, por supuesto, antes de poder dar mi respuesta, todo el mundo -profesora incluida- empezó a descojonarse de mi.

No fue la única vez que me pasó, pero sí la más desagradable. 

¿Y qué respondí?

Mi cabeza no estaba para virguerías así que dí una respuesta típica que había leído o escuchado por ahí:

Tendría que creer mucho en el producto para poder venderlo.

Y lo dije más bien porque lo que tenía era repulsión hacia la venta. Como si vender fuese dedicarse a algo malo y, por tanto, tuviese que justificarlo vendiendo algo en lo que creía ciegamente (porque si no sería un engaño).

A día de hoy recuerdo ese episodio como uno de los más traumáticos de mi vida.

Pero sí que estoy orgulloso de haber respondido con aquella frase hecha (aunque no entendiese en profundidad su significado).

Porque, efectivamente, una de las claves que te convierte en un gran vendedor (y por tanto en un mejor copywriter), es creer en lo que vendes, creer ciegamente.

Pensar que, sin duda, puede ayudar a las personas que lo compren.

Y vaya careto se le quedaría hoy a toda esa clase si se enterasen de que he acabado dedicándome directamente a vender por internet.

Sip, eso es lo que hago.

Si tienes un gran producto o servicio, capaz de ayudar a la gente de verdad, y necesitas a un vendedor introvertido pero tremendamente empático, apúntate aquí.

Rafa Moya

PD – También sigo teniendo sueños en los que el Rafa del futuro irrumpe en el aula de aquella clase conduciendo un DeLorean, empuñando una pistola de agua (cargada con salsa de jalapeños y tabasco) y empapa a todo quisqui hasta que prácticamente se tienen que quedar en pelotas mientras arden en un infierno de guindillas. 🔥🌶️🌶️🌶️🔥