Mi grado de separación con Scott Adams

Seguro que has oído hablar de Scott Adams.

El creador de Dilbert.

En los últimos años, de hecho, lo más difícil es NO haber oído hablar de él.

Y todo porque en 2014 planteó con cierto salero la idea de la creación de sistemas en lugar de metas que le funcionó a él.

Ahora las metas son de perdedores.

Pero si tienes un sistema… como mínimo te da para participar en una conversación entre freelances y quedar bien.

Meh.

No voy a dármelas de gurú y decirte que seguir un sistema ya viene de la antigua Grecia, como mínimo.

(Fijo que sí, los griegos ya lo sabían todo y son los creadores de la salsa de yogurt, osea que… un respeto).

Pero voy a reivindicar que un sistema realmente no sirve de nada tampoco.

¿Por qué?

Tú diseña un sistema con todos los detalles que quieras…

…o hazlo simple, me da igual.

Por ejemplo, enviar un email diario.

Está chupao, ¿no?

Te sientas delante de un ordenador (si tienes paciencia hasta lo escribes en el móvil), se te ocurren ideas geniales en 5 minutos, lo redactas a la perfección, le das a enviar… y listo.

Seguro que es así de fácil.

Todos los días.

Ahora bien…

Ten un día de perros, mucho trabajo, descendencia que no te deja dormir ni trabajar, y un sueño que lo más creativo en lo que te deja pensar es en…

…hacerte un Cola-Cao…

Y redacta un email fuera de lo normal para vender algo.

Vale, pues eso…

Eso no es un «sistema».

Eso es fuerza de voluntad, constancia o perseverancia del tamaño del mismísimo Partenón.

No hay más.

Sigue el sistema que quieras, que si no eres de los que se obsesionan con lo suyo… se convierte en otra meta inalcanzable.

Pero eh, yo no he creado Dilbert.

Aunque fracasos sí que he tenido como para escribir dos o tres cositas.

Y lo único que me hacía sentir orgulloso era cuando hacía las cosas de forma diferente.

Como por ejemplo hizo Scott lanzando un libro al mercado que, no solo iba a contracorriente de la tendencia, sino que tenía un titular que seguro que se merendó a los lanzamientos de todo ese trimestre:

Cómo fracasar en casi todo y aún así triunfar.

Es un sencillo titular de «contraste» que se construye enfrentando dos conceptos prácticamente opuestos en la misma frase.

Un titulo así dispara la curiosidad hasta cotas elevadísimas y, la curiosidad —como siempre decía Gary Halbert—, es la única emoción más poderosa que el deseo.

Si consigues unir de forma entretenida lo que vendes con una frase así, como mínimo tienes… un bestseller.

Y hablando de bestsellers

Hay otras formas de vender mucho sin que tengas que escribir ni una sola palabra.

🥓 Rafa Moya

PD – Mi grado de separación: he trabajado tanto en TICs que durante épocas era testigo de —al menos— una parodia de Dilbert hecha realidad al día. Y Scott Adams creó Dilbert. (¡Ja! ¡Chúpate esa Kevin Bacon!).