Hoy puede ser la última vez que leas este post

El otro día leí una historia interesante sobre Van Gogh.

Bueno, no sobre él, sino sobre lo último que pintó antes de morir.

Y para ser más exactos, sobre «el último lugar que pintó».

Se dice que Vang Gogh era consciente de que iba a ser su última creación y por eso lo escogió.

Pero el sitio que se convirtió en su último cuadro siempre había sido un misterio.

Tanto que, en realidad, no se tiene muy claro cuál fue.

Hay varios candidatos.

Uno de los más probables es Raíces de Árbol (1890).

Pues recientemente, un holandés llamado Van der Veen (con ese nombre está claro que tiene muy buena vista), mirando fotos de la época en la localidad francesa donde Van Gogh pasó sus últimos dos meses de vida, se percató de que aparecían unos árboles y unas raíces muy similares a los de la pintura.

Y el Museo Van Gogh de Ámsterdam ha confirmado y revelado la localización exacta:

Carretera Rue Daubigny
Comuna francesa Auvers-sur-Oise
(32 kilómetros al norte de Paris)

Y si lo ves, pues es verdad que se parece muchísimo a las peculiares raíces de árbol que dibujó el tipo que inspiró nombres de grupos de música pop repelentes.

Estas curiosidades me atraen porque yo soy un introvertido sentimental.

Entonces, cuando ya sé que voy a dejar algún sitio (probablemente para siempre), me hago profundas preguntas.

El tipo de preguntas que no se hace un extrovertido que está muerto por dentro.

Por ejemplo:

  • ¿Qué será lo último que haré antes de dejar este trabajo?
  • ¿A quién veré antes de irme el último día?
  • ¿Qué lugar visitaré por última vez después de abandonar esta ciudad?
  • ¿Podré volver a recordar esta sensación?

Te guste o no, hay lugares y personas que ya no volverás a ver nunca más en tu vida.

Gente con la que te cruzas durante un tiempo y con la que nunca más te tropezarás.

Lugares que jamás volverás a visitar.

Cosas que no volverás a probar.

Sensaciones que ya no experimentarás.

Por eso adquiere un valor especial el hecho de que las inmortalices de algún modo.

Puede ser una foto, un recuerdo imborrable, un video, un objeto.

Un email, una poesía, un libro…

A pesar de que, al final del todo, sean cosas que tampoco podrás llevarte contigo.

Mi paso por las empresas donde he trabajado como «friki informático» ha sido muchas cosas.

En la última, he dejado gran parte de los últimos 7 – 8 años de mi vida.

Y esas preguntas vienen a mi mente.

Algunas aún no tienen respuesta.

Otras sí.

Pero lo que sí he decidido es la manera en la que voy a «inmortalizar» los conocimientos adquiridos tras más de 10 años de trabajo en el sector, donde he visto todo tipo de locuras y me he topado con variopintos personajes.

Al final, todo se trataba de «solucionar problemas» y, por tanto, de vender.

No fue hasta comprender que lo que estaba haciendo era vender, cuando empecé a tomarme las cosas con otra filosofía.

Y, mientras estudiaba marketing y copywriting, aquel trabajo se convirtió en mi campo de pruebas particular.

Eso es lo que voy a inmortalizar en un informe que aún no tiene título, ni precio.

El que va sobre aquella vez que un alto cargo vino a mi oficina amenazando con despedirme por algo que yo ni había hecho ni dejado de hacer.

Pero que voy a tener que llamar de otro modo porque se me está yendo de las manos.

Lo que iba a ser primero un email, luego una secuencia, y después un pequeño relato…

…se está convirtiendo en una mini-formación en toda regla.

No solo sale este tipo que vestía con pajarita.

Salen varios personajes con los que aprendí lecciones de ventas aplicables en cualquier campo.

Y si consigo que mi enfermizo perfeccionismo no me afecte mucho, quizá esté lista en este ―también irrepetible― año 2020.

Si es algo que te podría interesar, sin duda deberías demostrarlo estando en la lista de correo.

Es muy posible que salga con un descuento durante los primeros días, y así te enteras antes que nadie.

🎨🖌️

Rafa Moya

PD – No será un Van Gogh, pero lo que es seguro es que algún día subirá de precio.