El secreto de Woody Allen para permanecer motivado toda una vida

Hace poco que Woody Allen ha sacado al mercado el libro con su autobiografía: «A Propósito de Nada».

Uno de los pocos libros que he comprado en tapa dura y con antelación, porque en estos momentos la edición inglesa está agotada en Amazon.

Y hoy he leído que ha dicho en una entrevista:

«No creo que haya hecho todavía una gran película. (…) Si tengo la oportunidad y el virus es mermado, quizá pueda hacer una gran película antes de morir, pero todavía no la he hecho».

El bueno (o malo, para algunos) de Allan Stewart Konigsberg -Woody para los amigos- tiene ya 84 primaveras.

No le quedan muchas pelis por sacar, y menos aún con la situación a la que se enfrenta la industria del cine en estos tiempos.

Pero sí que ha hecho grandes películas, por supuesto.

Está en mis planes revisionar algún día toda su filmografía por orden cronológico.

Lo que le pasa a Woody es lo que les pasa a todos los creadores (que no se miran solo el ombligo).

Haces una web o escribes un texto y lo firmas sintiéndote el puto amo.

El autor orgulloso de una obra perfecta.

Te vas a dar una vuelta o miras tus diseños o tus textos un par de días después…

…y piensas que son la mayor mierda jamás creada por tus manos.

De ahí la importancia de dejar reposar tu trabajo durante un tiempo y no hacer nada.

Tanto para enfrentarte al peor de tus críticos (tú mismo), como para que el efecto embriagador de la inspiración se te pase y puedas admirar tu creación en frío.

Pero hay algo aún más importante.

Y es precisamente esa insistencia, esa constancia, ese sentimiento de superación…

Esa adicción a hacer un trabajo cada vez mejor: una gran película, un gran diseño, una gran carta de ventas.

Dudo mucho que de no haberla tenido y creerse el ombligo del mundo, Allen hubiese llegado a los 84 tacos aún con ánimos, salud y energía como para pensar en que tiene pendiente crear su mejor película hasta la fecha.

Mi implacable crítico interior no cree que todos mis diseños y cartas de venta hasta el momento hayan sido una mierda, pero desde luego no son perfectos.

Seguro que se pueden mejorar un mínimo de un 1% con cada nuevo intento.

Y, si lo piensas, eso te deja a ti en un lugar privilegiado para optar a mi mejor obra hasta el momento (risas enlatadas).

¿Será la carta de ventas de tu próximo proyecto?

Dímelo tú.

PD – Algo curioso acerca del modus operandi de Woody Allen es que siempre escribe sus guiones en una máquina escribir (de las antiguas) y envía luego una copia por correo postal (nada de emails) a los actores, productores, etc. Manías muy típicas de los copywriters neuróticos. Yo de momento escribo solo en teclados mecánicos, pero a saber qué neura me da dentro de un par de meses.